miércoles 4 de noviembre de 2009

Badlands

Dejábamos el relato con la llegada a las “badlands”. Se trata del antiguo cauce de un río cuya presencia data de hace doscientos millones de años. No sé vosotros, pero a mí esa cifra no acaba de entrarme en la cabeza.






El paseo es sumamente fácil y sólo tiene una pequeña subida al final. Nada que nos quite el aliento a estas alturas de viaje.





Cecilia, la guía, es muy buena y nos va contando cosas del paisaje, la vegetación y la historia del lugar. Nos enseña a distinguir los huesos de los árboles. No creáis que es tan fácil.



Os estaréis preguntando dónde están esos árboles. Un poco de paciencia, enseguida llegan.

lunes 26 de octubre de 2009

De El Calafate a La Leona

El día anterior había entrado en una librería de El Chaltén, y hojeando un libro de fotografía me encontré con unas fotos de árboles petrificados. Pregunté dónde se habían hecho y resultó que eran de La Leona, un lugar por el que había pasado esa misma mañana.

Me dijeron que estaban en una hacienda privada y que sólo permitían visitas guiadas, así que para allá que me fui, a ver si lo conseguía. No fue barato, porque en Argentina hacen valer sus atractivos turísticos, pero mereció la pena.

Esta mañana he madrugado un poco más, porque voy con mi propio coche. Podrían llevarme, pero no quiero estar sujeto a sus horarios.



En La Leona hay un pequeño hotel donde paran los autobuses de turistas, pero nosotros seremos pocos. Una argentina de Córdoba que maneja omnibuses, un periodista ruso que vivió varios años en Madrid, hija adolescente, la guía, que fue la misma que me llevó al Perito Moreno y yo. Un grupo muy reducido como podéis ver.

Mientras llegan, me entretengo observando algunas réplicas de fotos que tienen en el hotel. Me aseguran que por allí estuvieron
Butch Cassidy y Sundance Kidd, los dos asaltadores norteamericanos de bancos y trenes inmortalidados en la película Dos hombres y un destino. Les acompañaba Ethel Place.




Sabía que había estado cerca de Esquel y que habían muerto en Bolivia, al menos oficialmente, porque hay otras versiones que difieren, pero fue una sorpresa descubrir que habían llegado tan al sur.

A la hora prevista nos internamos en la hacienda. El paisaje es muy peculiar, completamente diferente del resto de la Patagonia, al menos de la Patagnia que pude ver yo.







Esta zona de “badlands“ me pilla por sorpresa. El agua y el viento han modelado la arcilla, dando lugar a formas extrañas.




miércoles 21 de octubre de 2009

Patagonia II

Los guanacos están por todas partes, pero como no lo sabía, me tiré detrás de los primeros que vi, subiendo como loco una colina, cámara en mano. Cuando llegué arriba no había ni rastro de ellos. Pensé: es imposible que se hayan volatilizado en esta vasta llanura. Miré a mi izquierda y allí estaban, todos reunidos, observándome como si fuera un bicho raro.

Se me cruzaron varias veces delante del coche, así que será mejor que vayáis con cuidado.



Una muestra de la flora del lugar. Apenas llueve y los vientos son muy fuertes, de modo que las plantas son muy pequeñas y apenas tienen hojas. Cuando fui a recoger el coche había unos chavales devolviendo el suyo; ¡una ráfaga de viento les había arrancado la puerta!.




El cielo me sigue fascinando con la forma de sus nubes.


Y la carretera, prácticamente nueva, no deja de ofrecerme bonitos paisajes.




Los Andes no son muy altos, pero sí son bellos.


Unos kilómetros más adelante se me cruza un armadillo justo delante del coche. Paro inmediatamente en el arcén y echo mano a la cámara. Se establece una competición de velocidad, el armadillo intentando escapar y yo darle alcance. No sabía que corrieran tanto, pero me hizo un quiebro y se enterró bajo unas matas, así que esta es la mejor foto que pude sacarle. Tampoco era cuestión de tirarle de la cola, ¿no os parece?


Sigo tragando kilómetros por esta zona desierta de la Patagonia. Apenas me cruzo con algún coche aislado y los rastros de presencia humana son escasos. Junto a este río había unos camiones y excavadoras, más propios de Mad Max o de cualquier otro film del estilo.





Tampoco podía faltar la carretera de ripio del día. Ya la echaba de menos. Hice bien en tomar un avión desde Bariloche hasta El Calafate, porque son muchos los kilómetros de la Ruta 40 que están sin asfaltar, y se tardan días enteros en recorrerlos.